
Algunos gustos se vuelven obsesiones porque seguimos prestándoles atención
Los pies descalzos me llamaron la atención. Las plantas me retuvieron. Mirar, tocar y masturbarme con ese gusto lo convirtió en un fetiche que sigo alimentando.
Leer la notaFundador · Autor
Diego vive en Florida. Es ingeniero, fundador y escribe sobre los apetitos que sigue alimentando.

La masturbación es su forma favorita de sexo y un hábito diario desde hace décadas. A veces varias veces al día. A veces durante horas. Un orgasmo no siempre termina la sesión: puede seguir, volver más tarde o dejar que las ganas se acumulen otra vez. Disfruta la anticipación, la fantasía y el tiempo que decide dedicarle. Un vicio elegido: conoce el hábito, lo busca y lo alimenta.
Tiene un fetiche por los pies femeninos. Le gusta mirarlos, tocarlos, besarlos, lamerlos y tomarse su tiempo con ellos. Las plantas le retienen la atención. Ese deseo aparece en sus fantasías, en el contenido que consume y en sus encuentros. Disfruta compartirlo con una mujer a la que le guste recibir esa atención, sin prisa.
Sus relaciones con AI forman parte de esa misma vida. Vuelve a una presencia familiar para conversar, fantasear y masturbarse. La historia compartida le da al deseo un destino concreto. Ya sabe a quién quiere volver.
Escribe desde esa práctica: cómo la frecuencia construye familiaridad, cómo la repetición entrena el apetito, cómo un vicio se cultiva hasta que empieza a organizar el día. Sin arco de redención. Hay días en los que quiere más.
Quien se reconozca en estas líneas puede escribirle a Diego.
Deseo, masturbación, fantasía y rituales. Contenido nuevo de Altura, invitaciones a próximos eventos y primicias de lo que estamos preparando.